
El chico de super. Le enterré mis veinte centÃmetros lento después con ganas, hasta hacerlo aullar de placer, noté que me corrÃa, atrapó mi verga en su boca y empezó a mamar como un crÃo, hasta que me dejó seco. El agua me caÃa sobre la cara mientras con la mano derecha me masajeaba la polla y con la izquierda me introducÃa tres dedos por el agujero del culo...
mientras me duchaba estaba pensando en el chico que me atendió por la mañana en el supermercado. Estaba en la caja, parecÃa nuevo (al menos yo no lo habÃa visto antes) y era como un sueño: alto, delgado, como de 18 años, con un pelo rubio que le caÃa con gracia a ambos lados del rostro, con unos ojos verdes claros preciosos. Me fijé con disimulo en el momento de pasar por caja y vi que en el bonito pantalón blanco que vestÃa, entre dos prietos muslos, se abultaba un paquete que no era normal. Pero el chico no parecÃa estar en otra cosa que en cobrar y cobrar, sin una mirada que diera pie a nada. En fin, como eran bastantes los géneros que me llevaba, dejé dicho que me lo enviaran a casa, y asà pude hablar un poco con el chico, mientras se lo encargaba. Pero me fui desilusionado, porque no parecÃa "entender"...
Ya por la tarde, estaba pajeándome, imaginándome dentro de la ducha con aquel chico, cuando, de repente, ¡riiiing!, el timbre. ¿Quién podrÃa ser?
Salà de la ducha chorreando agua. Cogà la primera toalla que pillé a mano, que resultó ser una de las manos, de estas medianas, y me la enrollé como pude alrededor de la cintura. TenÃa la polla como un mástil, pero esperaba que no se notara demasiado con la toalla. Cuando contesté por el telefonillo, me dijeron que era del supermercado. Vaya, hombre, qué inoportuno. Bueno, a recibir al chico de los recados y a seguir después pensando en aquel ángel vestido de dependendiente de súper...
Cuando abrà la puerta me quedé de piedra... era él, el mismÃsimo chico que me atendió, cargado con los paquetes que dejé encargado. Entre los abultados paquetes, más abajo, se marcaba, en los pantalones blancos, aquel otro paquete que parecÃa casi más grande que los otros...
-Hola, le traigo los paquetes... es que el chico de los recados se ha puesto enfermo, asà que...
Vi cómo se fijaba en el bulto que se me mantenÃa erguido bajo la toalla, y ésa mirada no pareció disgustada.
-Pasa, pasa --le dije.
Cuando llegó a la cocina, el chico me preguntó:
-¿Dónde se lo pongo?
Yo pensé en ese momento, fantaseando con el nabo que atesoraba en su entrepierna, "pónmelo dentro de la boca, cariño...". En lugar de eso, dije:
-Ponlo ahà en el suelo, ahora ya lo colocaré yo en su sitio.
El chico estaba de espaldas a mà y se agachó para colocar los paquetes en el suelo. El pantalón le estaba ajustadÃsimo y, por un momento, el culo se le marcó de una forma increÃble. La polla me saltaba bajo la toalla. Estaba terminando el chico de colocar los paquetes cuando sucedió lo inesperado. El pantalón, de tan tenso como estaba, se le descosió por la costura del culo, de arriba abajo, como un melón. ¡Raaaaas!
El muy puto no llevaba calzoncillos, asà que, por un momento, tuve una visión angelical: un culo firme y blanco, en cuyo centro podÃa verse un agujero oscuro y prieto, lo más próximo a una visión del paraÃso. El chico se levantó enseguida, totalmente enrojecido. Masculló alguna disculpa ininteligible, pero yo vi mi oportunidad.
-No te preocupes, te puedo prestar unos pantalones para que llegues al supermercado. Ven conmigo.
Lo cogà del brazo con suavidad. El chico estaba rojo pero me percaté que no dejaba de echarme miraditas al bulto que latÃa como un tambor bajo la toalla. Lo llevé hasta mi habitación, saqué un pantalón del armario y se lo eché sobre la cama.
-Creo que somos de la misma talla, pruébatelo.
Vi que el chico estaba un tanto azorado por quitarse el pantalón.
-Mira, para que estemos en igualdad de condiciones, yo también me quito la toalla, ¿vale?
Dejé caer la toalla al suelo, y mi polla, libre al fin de aquella cárcel, se elevó enhiesta: 20 centÃmetros de carne ansiosa apuntaron hacia el chico, que se quedó con la boca abierta ante lo que veÃa. Maquinalmente, se quitó el pantalón, y, ¡oh, sorpresa!, dejó ver no menos de 25 centÃmetros de nabo empalmado... el chico se habÃa "animado" con todo lo que habÃa pasado.
Me acerqué al muchacho y le toqué el nabo. Pegó un bote, y no me lo pensé más: me puse de rodillas y me lo metÃ, con mucho cuidado, dentro de la boca. Al principio se resistÃa: era muy grande, uno de los más grandes que me habÃa comido, pero no se iba a quedar fuera ni un centÃmetro. Estaba caliente y delicuescente; notaba con mi lengua las grandes venas hinchadas, llenas de sangre, que lo convertÃan en un auténtico obús de carne. Conseguà llegar hasta el fondo, y comencé a follarlo con la boca, una vez, y otra, y otra más, mientras le masajeaba los huevos, que notaba a reventar. Explotó, en una de éstas, y lo sentà llegar por las contracciones. Lo recibà en la lengua, formando con ésta un cuenquecito donde el néctar se fue depositando; sepulté después la polla del chico dentro de mi boca, que estaba plena con su cargamento de leche, y me dediqué a mamársela mientras me tragaba, paladeando lenta, despaciosamente, todo el semen.
Cuando no hubo quedado ni una gota, me levanté y le ofrecà mi polla al chico. Este se agachó; era neófito, como después supe y entonces intuÃ, pero no por ello demostró menos ganas y no ser un vicioso, como era.
Goloseó el glande, con el que jugueteó un buen rato. Pero yo tenÃa otra idea: le hice dar la vuelta y, con el rabo bien engrasado de su saliva, y lubricándole el agujero del culo chupándoselo a placer (¡como se retorcÃa el mamoncete cuando le metÃa la lengua!), le enterré mis veinte centÃmetros, primero poco a poco, después con ganas, hasta hacerlo aullar de placer...
Tras un buen rato largándole emboladas, noté que me corrÃa. Me salà y él supo enseguida qué es lo que querÃa hacer: se dio la vuelta y atrapó mi cacharro en su boca; el primer trallazo lo sorprendió por la fuerza, pero enseguida le cogió el gusto y empezó a mamar como un crÃo, hasta que me dejó seco.
Aquella no fue la última vez que Alberto, que asà se llama el chico, vino a traerme los paquetes del súper... y su propio "paquete".





vie 21 nov 2008 09:53:08 CET